23 oct 2014

Lo que se planteaba como una ruta fácil de algo menos de cuarenta millas náuticas ha sido hasta la fecha la travesía más peligrosa de todo nuestro viaje. La previsión meteorológica (del dia anterior, error!) predecía vientos del oeste fuerza 4-5 con rachas de 6. Cuando ya estábamos en marcha, Motril radio ha dado el parte meteorologico (actualizado!) por VHF y han anunciado fuerza 7-8. Ya no podíamos hacer nada, estábamos ya en el medio, entre Motril y Almerimar, así que lo hemos tenido que lidiar. Lo más sorprendente ha sido como ha aumentado la intensidad del viento y con ello la altura de las olas. 
Saliendo de Motril, el mar como un espejo

Al salir de Motril, íbamos a motor porque no hacía nada de viento pero de repente ha ido subiendo y menos mal que hemos puesto el segundo rizo a tiempo porque meter rizos de empopada no es nada fácil ni agradable con esa fuerza. También lo que más nos ha sorprendido ha sido como se ha puesto la mar en unos instantes. Cada quince minutos, mas o menos, venía una secuencia de dos o tres olas que rompían contra la popa del barco, mojando la bañera y a nosotros. Ver el mar así producía sentimientos opuestos. Por una parte la belleza de la fuerza de la naturaleza, por otra el miedo que hemos sentido con cada ola que intentaba orzar el barco y atravesarnos a las olas. Gratitude nos ha enseñado lo que es capaz de soportar.

Cabo Sacratif
Mar de plástico y eso que todavía no estamos en El Ejido

Remolcador con un bloque gigante para el puerto de Motril
De la marina de Almerimar destacaria el buen precio del amarre, razón por la que muchos armadores dejan aquí sus barcos todos el invierno. Tambien destacar la proximidad a un Mercadona y por supuesto la cantidad de buenos restaurantes a precios muy economicos. Posiblemente lo menos acertado de la marina es que esta aislada de cualquier núcleo urbano, es decir, si quieres ir a El Ejido debes de coger el autobus. No creo que esta fuese una marina interesante para vivir a bordo.
Almerimar, después del susto

La driza de la mayor se habia enredado en el reflector de radar. Esta vez le tocaba subir a Celia. Ahora ya hemos puesto unos cabitos entre el reflector y los obenques para evitar tener que subir al palo otra vez

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